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jueves, 16 de junio de 2011

De los barcos y galeones españoles al avión y al internet

Por: Bernardo Mejía Arango.



Nunca se imaginaron nuestros ancestros españoles de los siglos XV y XVI, que los dos meses y un poco más que a ellos les tomaba para llegar a lo que llamaban las Indias y que luego descubrieron que era un nuevo continente donde sus descendientes se aposentarían, en un viaje tedioso en un barco con no muchas comodidades y si muchas privaciones, ahora se hace en cuestión de diez u once horas y en un medio de transporte que ellos no conocieron: el avión. Ellos y los primeros españoles en llegar a América, vieron en cada uno de sus viajes muchos amaneceres y muchos atardeceres antes de divisar la nueva tierra. Esto le debió suceder a don Domingo Antonio de Arango y Valdés y a don Alonso Mejía de Tobar Montoya, quienes trajeron nuestros apellidos a Colombia.


Nunca se imaginaron estos hidalgos españoles, que para sus descendientes, nosotros, llegar físicamente desde América a sus pueblos natales en Pravia en Asturias y Villacastín en Castilla y León, lo podemos hacer en menos de un día, posiblemente sin ver una puesta del sol. Esa es la tecnología, la que no conocieron nuestros ancestros. El solo pensarlo, para ellos, podría haber sido considerado cosa de brujería, igualmente podría habérsele considerado una herejía. Nunca se imaginaron nuestros ancestros españoles, que algún día fuera posible ver a una persona y conversar con ella estando en un sitio distante del planeta tierra, que para ellos era plana y no conocían sus confines, inquietud que motivó a Colon para iniciar, cuando supuso que esto no era cierto, sus famosos viajes con destino a lo que ellos llamaban las Indias.


Nuestros ancestros allá en la España del siglo XVI, no sabían que la tierra era redonda ni que el paneta giraba alrededor del sol. Pensar en esa época que dos personas podrían verse desde lejos utilizando lo que hoy llamamos internet, era cuestión de brujería, podrían haber sido quemados vivos en la hoguera, ya que en los tiempos en que nuestros ancestros se desplazaban a estas tierras, estaba en furor la Inquisición Española creada por el Papa Sixto IV en 1.478 y la Inquisición Romana o Santo Oficio, creada por el Papa Pablo III en 1.542. A finales del siglo XVI, la teoría del heliocentrismo, que decía que la tierra giraba alrededor del sol, propuesta por Nicolás Copérnico y demostrada por Galileo Galilei, se convirtió en el enemigo número uno de la Iglesia Católica. Hasta ese entonces primaba la teoría de Ptolomeo que decía que el sol giraba alrededor de la tierra. La teoría de Copérnico fue condenada, según la iglesia, por su insensatéz, se consideró un absurdo en filosofía y era formalmente herética por la Inquisición Romana y por el Papa Pablo V. Así fue que el 21 de junio de 1.633, Galileo es condenado a prisión perpetua por pregonar entre otras cosas que la tierra giraba alrededor del sol; fue obligado a retractarse de sus ideas. De "chiripas" se salvo de ser asado en una hoguera.


Ahora, en cuestión de minutos me comunico con mis "parientes" lejanos, los Arango quienes nunca se vinieron de Asturias y con los Arango y los Mejía que se fueron en la última década a España como parte de una oleada migratoria, 355 años después de que el primer Arango llegara a Colombia y 401 años después de que lo hiciera don Juan Mejía de tobar Montoya, el primer Mejía de nuestra familia en llegar a este país.


Se podría decir que aunque hubo muchos avances y descubrimientos, nunca la ciencia avanzó a pasos tan agigantados desde que concluyó el oscurantismo medieval y surgió el renacimiento, como los que se han venido dando desde el reinado de la electrónica, la rama de la física y la ingeniería, que estudia y emplea sistemas cuyo funcionamiento se basa en el control del flujo microscópico de los electrones u otras partículas cargadas eléctricamente y una de cuyas aplicaciones más recientes está dada en las telecomunicaciones.


Nuestros ancestros españoles vivieron pues, en la época del rezago del oscurantismo que acompañó a la edad media, desde el siglo V, hasta los siglos XVI y XVII; aunque se habían logrado muchos avances en la ciencia durante el renacimiento, muchos de ellos eran considerados cosa de brujería y herejía.


A partir de 1904 se considera que surgió la electrónica como tal, con el manejo de los átomos, electrones, diodos, emisiones termoiónicas, etc. En 1906, con la invención del tríodo, nacieron las amplificaciones del sonido y receptores de radio y televisión. En 1948 se inventó el transistor que es el dispositivo utilizado actualmente para la mayoría de aplicaciones de la electrónica.


Yo nací en 1951, apenas tres años después de inventado el transistor. En 1958 se utilizó el primer circuito integrado, yo tenía siete años de edad y estaba en primer año de escuela primaria. Cuando mi madre me llevó para matricularme por primera vez para iniciar la educación primaria; tenía seis años, no me aceptaron en la escuela porque en ese entonces uno debía tener siete años cumplidos para poder cursar el primer año de primaria. Que tal? En esos tiempos ni siquiera se conocía la estimulación temprana en el vientre de la madre, no existían las ecografías, no había preescolares ni jardines infantiles. A los siete años uno era, como dicen los paisas, una "bestia".


Hoy día, los niños de siete años, sin saber los fundamentos de la electrónica, manejan toda clase de productos de la misma, desde un simple aparato de televisión, pasando por un teléfono celular, hasta llegar al "Xbox", diabólica invención a los ojos de los monjes oscurantistas medievales, donde las figuras que estan dentro de un televisor, se mueven obedeciendo los movimientos de quien está fuera y enfrente del aparato; no joda!, qué dirían nuestros ancestros! Este tipo de brujería la he visto en los grandes almacenes de cadena: uno ve unos "chinos" brincando enfrente de un aparato como si estuvieran convulsionando; no, están simplemente jugando.


Pues bien, hacia 1970 cuando se desarrolló el primer microprocesador, yo era un joven de 19 años, estaba terminando mi educación secundaria. Uno de los pocos estos avances que apenas llegaba a la gente, era la televisión, que todavía era en blanco y negro.


A mi generación le ha tocado la transición de cero o casi cero en tecnología, pasando por el desarrollo de la electrónica, hasta lo que tenemos y disfrutamos hoy en día. Me considero un afortunado por ello.


Mi familia, en mi infancia, fue una familia de extracción campesina. Mis padres vivían en Barragán, un caserío de las montañas de Tuluá en la cordillera central en el Valle del Cauca, donde se habían asentado después de un largo trasegar entre otros lugares por La Herrera en el Tolima y El Conto (Que así se llamaba el municipio de Restrepo en el Valle del Cauca), después de casarse el 26 de agosto de 1941, en Sevilla. En su deambular de un lado a otro siguiendo la vocación de colonizador y poblador de mi abuelo paterno don Bernardo Mejía Restrepo, estábamos en Barragán, donde sufríamos los embates de la violencia sanguinaria bipartidista, posterior al 9 de abril de 1948 fecha en que fue asesinado Jorge Eliecer Gaitán.


Mi tío Luis Abel Arango, hermano mayor de mi madre, cuando yo era un niño de apenas cinco o seis años, vivió en una casa de dos pisos la cual aún existe y que queda en el costado noroccidental de la plaza o parque del pueblo, allá en Barragán. El primer piso de la casa había sido alquilado por su hermano Jesús María, propietario del inmueble, al ejército nacional; era pues la sede de un batallón. En el segundo piso de la casa, al fondo de la misma quedaba la cocina la que tenía un gran fogón de leña que estaba recostado contra una pared, en la parte superior de la cual había una ventana redonda desde donde se veía el patio del primer piso, donde estaba el batallón. Con frecuencia colocaba unos cajones par ver desde aquella ventana, las cadáveres de los campesinos masacrados a machete y recogidos por la tropa, aún en ropa interior porque seguramente los bandoleros asaltaban las fincas en horas de la noche; tenían toda clase de heridas, algunos sin cabeza.


De allá de Barragán, mi familia emigró un día cualquiera a finales de 1957 o comienzos de 1958, por causa de la violencia y de la zozobra permanente en que vivíamos: que si los liberales, que si los conservadores, que si los "pájaros", que si la "chusma", que ya se tomaban el pueblo. Es decir que cuando se inventó el primer circuito integrado, yo era integrante de una familia de desplazados la cual salió de Barragán con rumbo a Tuluá pero sin saber donde iríamos a parar; así llegamos a la casa del tío Octavio Arango, hermano de mi madre y quien tenía además de la casa, un establo en la entrada del pueblo por los lados de lo que hoy se conoce como Estambul. Allí nos prestaron una habitación para vivir "mientras haber que hacía mi papá".


En los pueblos y ciudades se percibía la violencia pero no con la misma intensidad que en el campo, allá en la montaña seguían las masacres de las que de pronto nos habíamos salvado. Recién llegados a Tuluá, en un mismo día de julio de 1958 se produjo una masacre en dos predios de una vereda llamada Jicaramata, allí murieron siete personas entre ellas el tío Heriberto, hermano de mi madre. El velorio se hizo en casa del tío Luis Abel quien por aquella época ya vivía en Tuluá, en los altos de donde quedaba el Banco de Colombia, todos los muertos eran o parientes o allegados a la familia: siete ataudes en línea. Mi madre no pudo asistir a los funerales: esa madrugada del 17 de julio de 1958, día de sepelio nació Alicia, una de mis hermanas.


En la década de 1950 a 1960, la fuerza corporal y algunas de las experiencias en asuntos agrícolas y pecuarios bastaron a un hombre como mi padre, para levantar una familia. Por ese entonces éramos ocho hermanos de los doce que tuvieron Arturo y Elvia, dos habían muerto en el campo, donde no había recursos. Todavía recuerdo las frases tristes de mi madre cuando decía que Gladys, su primera hijita de apenas unos meses, murió por causa de una infección intestinal y que Arturito, el quinto de sus hijos de apenas siete años, murió de difteria como segunda causa, porque la primera seguramente era la pobreza y la falta de vías de comunicación y de recursos para llegar pronto a un centro hospitalario; mi madre me contó alguna vez que mi padre estaba cortando unas varas de maguey para hacer una camilla para sacar el niño al pueblo más "cercano" que era Tuluá, a muchas horas de camino, cuando ella fué a decirle: "Mijo, el niño acaba de morir". Vivían prácticamente alejados de la civilización, siguiendo el arraigo de pobladores y colonizadores de sus mayores.


Por esa época, Colombia no había llegado al futuro de que hablaba César Gaviria Trujillo en su discurso de posesión el 7 de agosto de 1990; Gaviria al final de su discurso dijo con su voz chillona: "Colombianos, bienvenidos al futuro", el cual seguimos esperando más de veinte años después. La muerte de muchos niños por infecciones bacterianas o virales y de muchas mujeres por causa de infecciones puerperales como ocurrió con mi abuela materna y con muchas mujeres que poblaron nuestras montañas, no hubiera ocurrido en las condiciones tecnológicas y de comunicación actuales.


Y así, sin electrónica llegamos a vivir en Zarzal, en el Valle del Cauca. Mi Padre consiguió empleo en el Ingenio Riopaila. Cuando las primas, hijas del tío Luis Abel Arango iban de visita: Cecilia llevaba un radio transistor para escuchar sus radionovelas favoritas, entre ellas "Lejos del nido" y "Kabir el árabe"; a mi me parecía algo maravilloso que la voz de los personajes saliera de una cajita que además no tenía conexión con la electricidad de un tomacorriente. En casa del tío Luis Abel se gozaba desde las épocas de su finca "Tesorito" en las tierras altas de la cordillera en Tuluá, de toda clase de comodidades, allá había electricidad gracias a una planta Pelton y el tío, quien era "El zar de trigo", importaba toda clase de aparatos eléctricos de Europa. No se me olvida la primera lavadora que tuvieron. En su casa conocí la nevera, y lógicamente el hielo; el hielo me pareció algo maravilloso, ahora puedo comparar mi experiencia, con lo que sintió Aureliano Buendía, cuando su padre lo llevó a conocer el hielo, allá en Macondo, en la novela de Gabriel García Márquez: "Cien Años de Soledad".


Cuando mi padre compró el primer receptor de radio, ya estábamos en la "civilización" y teníamos que estar disfrutando de sus inventos; lo colocamos en una repisa de donde no se debía de mover por lo valioso para esa época. Yo colocaba un cajoncito para poder ganar altura suficiente hasta donde estaba el aparato para escuchar desde comienzo del anochecer las novelas de aventuras de "Tarzán el hombre mono", las "Aventuras de Chan Li Po" y hacia las ocho de la noche "Los Chaparrines" y luego los cuentos cómicos de Evert Castro. Al comenzar de la tarde, no alcanzábamos a escuchar "Las Aventuras de Montecristo", uno de los cómicos más grandes que ha tenido Colombia, porque el programa comenzaba hacia la una y media de la tarde y la entrada a la escuela era a las dos en punto. Yo conservo el radio que ahora tiene mas de cincuenta años y que le costó una "juetera" a Amanda, la menor de mis hermanas, porque por estar jugando lo dejó caer y se le hizo un boquete en su cobertura de pasta.


En el pueblo, en Zarzal, solo una familia, Los LLanos (No los Llano), tenían televisor. No había la tencología de televisión a color, no se conocía el control remoto. Los canales se cambiaban moviendo un botón o dial, el que al comienzo no se usaba pues había un solo canal; la emisión comenzaba a las cinco de la tarde y terminaba a las ocho de la noche. Los LLanos dejaban que los muchachos del vecindario viéramos el "Telecirco Colombina" y si estábamos de buenas, un noticiero que se llamaba "El mundo al vuelo", el cual patrocinaba Avianca. Era el año de 1958.


Poseer una línea telefónica era muy costoso. Los teléfonos eran electromagnéticos, tenían una rueda o dial con unos huecos donde estaban los números del cero al nueve y se debía girar el dial o rueda paulatinamente con cada número hasta completar el número de varios dígitos deseado. Uno podía tener teléfono en la casa, pero tenía que llamar a la operadora en Telecom y pedirle que le comunicara con el número de tal o cual ciudad. Si uno estaba "de buenas" por ahí a la media hora le devolvía la llamada y lo comunicaban. Después se montó el sistema de las cabinas, uno iba a Telecom, pedía a la operadora una llamada, uno se sentaba, al rato lo llamaban a la cabina. Esto se fue acabando paulatinamente. Vinieron los teléfonos de tono y los digitales. Y luego los teléfonos inalámbricos. Yo compré el primero que tuve a comienzos de 1990; cuando mi sobrina Luz Helena se casó en 1997, el regalo de bodas fué un teléfono inalámbrico dizque con 20 canales, era lo ultimo! Era un buen regalo de bodas.


Buscando nuevos horizontes, mi padre decidió que nos mudáramos a Buga, para facilitar nuestra educación académica. El dejaba de ser empleado para comenzar a trabajar en forma independiente. No pasaron mayores avances tecnológicos en la década de 1960. La televisión seguía siendo en blanco y negro pero aparecieron, ya comenzando los años 70´s, los controles remotos. Lo "In" de la época era ir de paseo a San Andrés isla y traer un televisor con control remoto. Bueno, se aprovechaba el viaje para traer una licuadora, que no eran tan comunes y además eran muy costosas, se traía una plancha eléctrica, un reloj de pared y otras cosas sobretodo lo eléctrico, que no era tan común en el interior del país.


Hacia 1972, cuando ingresé a la universidad para iniciar mis estudios de Medicina Veterinaria y Zootecnia, aparecieron las primeras calculadoras, que eran bastante elementales a la luz de las que disponemos hoy en día. Eran bastante gruesas tenían solo ocho dígitos; los números aparecían en una pantallita, eran iluminados. Solo se podían hacer las cuatro operaciones básicas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Me pareció algo espectacular pues para aquel entonces, Libardo, uno de mis hermanos mayores, Experto en Ciencias Contables, hacía en su oficina sus operaciones matemáticas en una "calculadora" que tenía un teclado. Cada que pulsaba las teclas, daba unas vueltas adelante y unas hacia atrás con una manija lateral; la verdad nunca supe como hacía para sumar, multiplicar, restar y dividir.


En la universidad, el compañero más aventajado del grupo tenía una regla de cálculo. Pregúntele a uno de los muchachos de hoy en día qué es una regla de cálculo y seguro que no tiene ni idea. Era, como su nombre lo dice, para hacer operaciones matemáticas, una regla de forma triangular, la cual tenía unas graduaciones laterales y un "carro" que se desplazada a lado y lado; yo nunca aprendí a manejarla, además nunca tuve una, eran muy "costosas". Mis operaciones matemáticas las hacía con una tabla de logaritmos que aprendí a manejar con los curas italianos con los cuales había estudiado allá en El Tablazo, en Manizales. Me valía de ella para sacar raíz cuadrada, cosa que no pude aprender en las clases de matemáticas, ni en le escuela primaria ni en el bachillerato.


Cuando pude adquirir una calculadora, ya había cursado las materias más complicadas del ciclo básico de la carrera, que son las que requerían de conocimientos y operaciones matemáticas. Vino entonces la calculadora que todos conocimos con el nombre de "científica". Como dicen vulgarmente algunos "No le faltaba sino el inodoro".


Volviendo al tema de la televisión, para 1969 ya había dos canales nacionales y un canal local en Bogotá. Seguían siendo en blanco y negro. La emisión comenzaba hacia las cinco de la tarde con programas infantiles como uno presentaba doña Gloria Valencia de Castaño que tenía una tonada que decía: "Feliz cumpleaños amiguitos, les desea ponqué Ramo..... etc." Creo que todos los colombianos de mi edad (60 años), tenemos grabada en la mente esa cancioncita y algunas otras más. La programación se cerraba hacia las diez u once de la noche con películas como "Columbo" y Mannix", "Hawai Cinco Cero" y "Las Calles de San Francisco" las cuales fueron llegando una a una.


Cuando concluí mis estudios universitarios y tuve mi segundo y definitivo empleo (En el cual estuve durante 30 años), hacia 1978 surgió en Colombia la televisión a color. Ya había como tres canales, no se conocía la televisión por cable, no había canales privados, toda la televisión era estatal y llegaba a los receptores por antenas que tomaban la señal emitida desde estaciones repetidoras ubicada en montañas y cerros estratégicos de cada población. Ya no se ven los tejados de las casas y los techos de los edificios atiborrados de antenas de aluminio receptoras de la señal de televisión, a las que algunos avivatos les pegaban por los lados tapas de ollas dizque para recibir mejor la señal. Por causa de la ubicación de las antenas repetidoras, a algunas regiones del país no llegaba la señal y la programación se retransmitía en repetición, es decir los programas se veían al día siguiente en diferido. En regiones limítrofes de Colombia se veía la televisión de los países vecinos.


Al final de mis estudios universitarios ya se conocían los computadores de primera generación en Colombia, eran aparatos enormes; Pilar Guerra, una amiga de Pereira que tenía una empresa de sistemas y prestaba servicios de computación, tenía tres computadores que apenas si le cabían en una habitación y eran alquilados por la IBM. Los computadores se alquilaban, no se compraban. Películas de serie como las primeras de "Misión imposible" que nada tienen que ver con las de la serie actual, usaban computadores que eran tan grandes que dentro de ellos se podía esconder uno de los actores. Estudiar programación de computadores era una cosa de avanzada. Los aparatos recibían la información codificada en unas tarjetas que había que perforar. Era cosa de locos!


Hacia el primer semestre de mis estudios a nivel de Maestría a comienzos de 1981, con el dinero "ahorrado" de una beca de Icetex, me compré un televisor a color, que ya se vendían en San Andresito en Bogotá. Compré un Sony de 19 pulgadas que eran de los más grandes, eso si, con control remoto, era toda una novedad. Y me compré igualmente un Atari, uno de los primeros, sino el primero de los juegos electrónicos que tenía imágenes en dos dimensiones. Después compré un "Family" el cual tecnológicamente era más avanzado y cuyo juego estrella era "Mario Bross". Lo compramos dizque para los niños, pero los adultos nos peleábamos con ellos para ver quien lo usaba primero. Recuerdo las jugadas de Mario Bross hasta altas horas de la madrugada en compañía de mis sobrinos y de mi hijo.


Con el advenimiento de esta tecnología, atrás quedaron los juegos y rondas infantiles de los muchachos de la cuadra: los juegos con las bolitas de cristal, el trompo, el yo-yo, las tapas de gaseosa y de cerveza las que usábamos tal cual se obtienen al destapar la botella o estripadas completamente planas a punta de martillo o puestas en la carrilera para que el tren hiciera el trabajo de aplanarlas. Con las bolas de cristal y las tapas se jugaba al "hoyo seco" o a los "cinco hoyos". Cuando llegaba la época de la vuelta a Colombia en bicicleta, los muchachos organizábamos una zanja angosta y poco profunda en el piso de tierra de la calle (Solo las calles del centro del pueblo eran pavimentadas), a la zanja le dábamos toda clase de formas y piruetas, subidas y bajadas y hasta le hacíamos premio de montaña; las bolas se impulsaban con el dedo pulgar y la norma era no salirse de la zanja. Que bella época! Había integración y juegos en equipo.


Por supuesto no faltaban las peleas y las reventadas de narices en las que Jairo mi hermano era un experto: la malo: nos ganábamos una "pela" del papá o de la mamá, eso dependía del que fuera más experto en repartir "Juete", en mi casa era mi madre. Lo bueno: al día siguiente nadie recordaba nada y todos como si nada. No había comisaría de familia donde los hijos iban a quejarse porque sus padres los reprendían a punta de juete. Las "pretinas" de ramales hechas de piel de res (Léase bovino) eran la batuta con la que imperaba el orden en una casa. Como en mi casa los mayores éramos varones, la famosa pretina iba y venía cada día. "Le falta cáscara de novillo" (Léase piel de novillo) le decían a uno cuando se quería recalcar que la faltaba una reprimenda.


Quien de los viejos no jugó rondas como "Que pase el rey", "Guárdeme esta sortijita", "El corazón de la piña", y juegos como "La lleva", "El cogido", "La Libertad" y tantos juegos más producto de la imaginación, porque no había tecnología. El juego del trompo igual llegaba por temporadas; uno lo podía jugar individual o en equipos organizando lo que llamábamos "carreras" que consistían en llevar un trompo de una esquina a otra de la cuadra, impulsando un trompo por los trompos de los competidores que lo hacían girar con un jalonazo de la pita o piola con gracia y estilo. O sacar un trompo de la bomba o círculo de la misma manera. Quien perdía, tenía que poner su trompo al final, para que el resto de competidores le dieran "quiñes" con sus trompos; de ahí salió el término "quiñador" tan usado hoy día para designar a los sicarios. Bueno, siempre teníamos un trompo viejo para poner en caso de perder. Lo llamábamos el trompo "ponequines".


En la década de 1990 llegó a Colombia la tecnología del teléfono celular, del que actualmente no podemos desprendernos y el cual considero es el avance más importante en electrónica desde el punto de vista práctico y de uso. Siempre recuerdo las películas de tres y cuatro década atrás como "Perdidos en el espacio" y "Viaje a las estrellas". El capitán Kirk de la nave intergaláctica Enterprise, sacaba un aparatico y lo abría con cierto estilo y elegancia, como lo hacen los "pelados" (Léase muchachos) de hoy en día con las celulares con tapa, y decía: "Aquí Kirk a la nave"; la nave estaba en el espacio y el capitán estaba en uno de esos planetas que visitaban. Eso era ciencia ficción, Hoy día es una realidad.


Ya ni recuerdo, aunque es un acontecimiento muy reciente, cuando entramos en la era del internet, y aunque, como le pasa a los "chinos chiquitos" (Léase muchachos), lo manejo más o menos bien, pero con frecuencia tengo que llamar a uno de mis hijos o uno de mis sobrinos, 40 y 50 y más años menores que yo, para que me digan como se hace tal o cual cosa. Ni que decir de este avance tecnológico que nos permite ver a las personas y hablar con ellas a través de la pantalla de un computador, ahora se puede hablar y verse a distancia hasta seis personas al tiempo en una conversación múltiple, de pronto hay sistemas más amplios, no sé.


Usted puede averiguar lo que quiera en internet, mantener los chismes suyos y los de los demás al día en las famosas redes sociales. Ahora vivimos en un mar de tecnología en todos los asuntos, ya casi es imposible vivir o hacer algo sin la tecnología electrónica, la cual ha invadido literalmente todos los campos de la ciencia y la tecnología. Podemos hacer viajes virtuales y visitar los lugares más inesperados de la geografía.


Que dirían nuestros ancestros españoles si se dieran cuenta de que hago paseos virtuales por la Asturias en la que una vez vivieron? Si les dijera que sin estar físicamente allá, he estado en Oviedo y sus archivos donde vi desde acá la justificación de hidalguía que tramitara don Domingo Antonio de Arango y Valdés para salir de España hacia Las Indias? Si les dijera que he estado en Pravía y su feligresía de Villagonzay, en Villacastin en Castilla y León? que he estado en San Martin de Arango, que he visto el Valle de Arango y el río Aranguín? Seguramente creerían que es cosa de brujos y hechiceros. Si pudiésemos viajar a esa época y decirles esto, seguramente correríamos el riesgo de ir a parar en hoguera por brujos y herejes.


Que nos espera, mejor dicho, qué les espera a nuestros descendientes? Desde las series de televisión como "Viaje a las Estrellas" y de películas relativamente actuales como "La Mosca", creo que la teletransportación es el siguiente paso. Así, esta crónica no se llamaría "De los barcos y los galeones españoles hasta el internet" sino "De los barcos y galeones españoles hasta la teletransportación". Se suprime el avión mencionado en el título de esta crónica, seguramente ya no se necesitará.

miércoles, 20 de abril de 2011

Los Arango, una raza de pobladores. Barragán, Valle del Cauca, una tierra de promisión.

Por: Bernardo Mejía Arango.
Fotografía: Bernardo Mejía Arango.

Fotografía No.1: Panorámica de Barragán, fotografía tomada desde la "curva de la Virgen", en la carretera que sale de Barragán hacia el corregimiento de Santa Lucía.


Un grupo de caldenses entre los que se encontraban Gabriel, Telésforo, Santiago y Francisco Gómez Arango, hijos de la tía abuela María Dolores Arango Mejía, habían salido de sus tierras en Salamina Caldas, para buscar nuevos horizontes en las tierras del Valle del Cauca. En el grupo venía también Jesús María Arango Gómez, el segundo, después de Aura Rosa, de los hijos del matrimonio del abuelo Jesús María Arango Mejía con doña Pastora Gómez Vélez, su primer esposa.

Francisco Gómez Arango se quedaría en Cartago pero sus hermanos ascendieron las faldas de la cordillera central, probablemente desde Bugalagrande. Al llegar a la cuchilla El Cinabrio, específicamente en el sitio La Trampa, cerca del rio Tibí y su desembocadura en el rio Bugalagrande, donde la tierras del corregimiento de Alegrías se dividen de las de Barragán, estos paisas que seguían la vocación de pobladores de sus ancestros antioqueños, divisaron la región del macizo donde se encuentra Barragán: se imaginaron la tierra prometida, tal como ellos concebían la imagen de los israelitas al observar la llegada Canaán, la tierra donde la leche y la miel corren como el agua, según el libro del Éxodo. Corría el año de 1923.



En la vía que de la carretera que viene del "Alto de Italia" y que conduce a Barragán, se encuentra la "Balastrera", loma o colina que otrora estuviera  con vegetación muy escasa y que fuera la fuente de balastro  o recebo para la carretera. Hay muchas historias que nuestros tío contaban acerca de la balastrera. Hoy en día se encuentra arborizada por una campaña de  Hernána Arango Ramírez, uno de los hijos del tío Jesús María Arango Gómez, uno de los pioneros de la segunda oleada de pobladores en esta región. 


Muchas tardes de tertulia y chocolate acompañadas de los “comistrajes”, palabra que no está en los registros de la real Academia de La Lengua Española pero que se emplea para describir algunos tipos de comida, preparados por Alcira Naranjo en la casa de mi prima Libia Arango Mejía en Buga, sirvieron de marco para elaborar una crónica sobre Barragán, tarea nada fácil porque desde la época de la llegada de los conquistadores españoles, hasta nuestros días, la región al igual que muchas otras, ha estado enmarcada en un conflicto social.

San Juan de Barragán, que es nombre completo del actual corregimiento perteneciente al municipio de Tuluá, está situado sobre una repisa de la cordillera central, situada a 70 kilómetros de la cabecera municipal, a una altura de 3.437 metros sobre el nivel del mar. Desde allí se baja por un declive suave hasta otra pequeña repisa donde se fundó inicialmente el caserío y que llegó a tener unas 30 casas que estuvieron ubicadas en lo que se llamó “calle larga”, de lo cual hoy en día no queda nada, pues el poblado se trasladó al sitio que ocupa actualmente y los terrenos donde quedaba su cementerio, el primero que tuvo Barragán, fueron arados. En Calle Larga tenía la casa el abuelo Jesús María en el año 1924, allá nació Elvia, mi madre, séptimo hijo de su segundo matrimonio. Igual la casa la no existe hoy día pero todavía se puede apreciar la explanada donde estaba construída.



Después de pasar por la "Balastrera" y antes de llegar a Barragán, se ingresa por un sendero de antiguos y majestuosos eucaliptos. No conozco  la antigüedad de estos árboles, pero cuando yo era niño, allá por los años de la década de 1950, ya eran árboles viejos. Hace unos años fui a Barragán en busca de la  casa que fuera del abuelo Jesús María Arango Mejía y su segunda esposa, mi abuela Delfina Duque Gómez, y encontré que habían talado algunos de estos gigantes legendarios eucaliptos.


La descripción más aproximada a la región de Barragán, está consignada en la obra “Barragán y Santa Lucía. Presencia Campesina en el Valle del Cauca. Estudio Socio-Económico de una Región de Alta Montaña” cuyos autores son Ana Joaquina Buitrago de Villamizar, José Ángel García Castillo y María Cenelia Orjuela Russi, quienes se basaron en una exhaustiva revisión bibliográfica y notarial, así como en entrevistas y declaraciones con personas asentadas en la región, nativas de allí o llegadas desde otras regiones del país, principalmente Tolima, Boyacá, Nariño, el viejo Caldas y Antioquia.

Los indios Pijaos, pertenecientes a la familia Caribe fueron los primeros habitantes de las tierras altas de la cordillera central, entre las cuales se encuentra Barragán. Debido a su ancestro Caribe, fueron aguerridos y opuestos abiertamente a la conquista y colonización españolas.

Para su alimentación, las fuentes de proteína la obtenían de la fauna silvestre propia de la región; su alimentación igualmente la obtenían de los cultivos de pancoger, entre ellos la papa, el frijol de bejuco, el maíz y varios cereales. Existen versiones, habladas porque no se pudo obtener una referencia bibliográfica, de que eran caníbales. La versión existente entre mis familiares dice que en la región de las playas del río Bugalagrande ubicada en lo que hoy es la hacienda el bosque, los indios invitaron a los conquistadores ya asentados en la región a un comida en la cual irían a firmar la paz; los españoles – dice la tradición oral- no sabían que el plato principal eran los invasores venidos de la península ibérica.

La familia Pijao que pobló la región específicamente era la familia Burila quienes llegaron hasta lo que hoy es Sevilla, en el Valle del Cauca.

Las apropiaciones de la tierra comenzaron, de acuerdo con el trabajo de Ana Joaquina Buitrago y sus colaboradores, basados en el documento o “Bula papal”, de acuerdo con el cual el Papa, como responsable de la salvación de los infieles, tenía autoridad suficiente para otorgar a los monarcas el derecho de adjudicar los territorios descubiertos a particulares, en otros términos, los territorios descubiertos pasaban a propiedad el Rey. En este método de apropiación no tuvieron participación los aborígenes.


La fotografía de la izquierda corresponde a la calle o entrada  al pueblo y la casa de dos pisos corresponde a una de las esquina de la plaza o parque. Toda esta cuadra guarda gratos recuerdos de nuestra infancia, sus casas  fueron de mis tíos entre los que recuerdo mencionar a Jesús María y Luis Abel Arango Gómez. En la casa esquinera de dos pisos vivió la familia de mi tío Luis Abel  allá por  1957 y unos años después. La casa fue de propiedad de Uno de sus hermanos,el tío Jesús María Arango Gómez. En los bajos tuvo residencia  varios años una sede de un  batallón del Ejército Nacional; cuentan los ancestros, que el tío Jesús tuvo que recurrir a la artimaña de enviar una fotografía con toda su familia al gobierno central, reclamando el arriendo que le debían por los  bajos de la casa. En la casa del otro extremo de la esquina vivió mi familia y allá nació una de mis hermanas (Gloria María). En una de las casas del centro de la cuadra funcionó el negocio del trigo del tío Luis Abel Arango Gómez. Tengo muchos recuerdos de mis vacaciones en esta casona, cuando frecuentábamos Barragán en vacaciones después de que mi papá y todos nosotros lo abandonamos aburridos de la violencia partidista de la década de  1950.

La fotografía del centro corresponde a la primer calle del pueblo en sentido opuesto a la de la fotografía anterior. En una de esas casas vivimos durante algunos años. Se conserva como en la época. Todavía recuerdo la tarde en que mi mamá estaba haciendo un dulce en un fogón de leña, cuando llegó mi papá con un camión y  dijo: "Nos vamos ya de este pueblo, estoy cansado de tanta violencia y de ver tantos muertos"; era la época de las "guerras" fratricidas por un color político, que los campesinos ni siquiera entendían.

En la fotografía de la derecha se ve la casa que llamábamos "El Alto de la Coles", Allá vivió mi tío paterno Jaime Mejía Arango con su familia y de allí se fueron a Tuluá en busca de mejores horizontes.

A partir de allí, la tenencia de la tierra estaba regida por diferentes figuras, las cuales sucesivamente tuvieron relación con San Juan de Barragán:

Juan Alonso de Fuenmayor adjudicó en 1561 las tierras de Barragán a don Francisco de Espinosa, quien no pudo retener físicamente los terrenos por causa de los ataques de las tribus Pijaos.

Las adjudicaciones y mercedes consistieron en contratos legales que los monarcas hicieron con los consejos, soldados, oficiales y capitanes reales en pago de servicios a la corona durante la conquista.

El Capitán Juan Lemos de Aguirre pasa a ser propietario de las tierras de Barragán mediante una capitulación. Las capitulaciones son acuerdos firmados entre dos partes sobre un negocio o asunto, generalmente importante. Se celebraron contratos entre la Corona Española y el conquistador. El capitán Lemos de Aguirre pasó a ser propietario con el compromiso de abrir el camino a esta región; el objetivo beneficiaba a la Corona Española por cuanto sus intenciones eran de comunicar a la Nueva granada con Quito, otra floreciente ciudad, asiento de los conquistadores y posteriormente colonizadores.

Esta capitulación data de 1655 y la ruta comunicaría al valle del Cauca (Valle del Tuluá) con el Valle del Saldaña, atravesando el páramo de Amoyá. La adjudicación incluía además de las tierras de Barragán, las de Jicaramata y Espíritu Santo. Parte del compromiso era habitar y cultivarla tierra.



Quién no recuerda los "Pensamientos", flores de obligada presencia ayer  y hoy en todas las casas de Barragán


Don Juan de Lemos y Aguirre iniciaría la construcción de este camino en el sitio hoy conocido como Palomestizo, en 1639 y de acuerdo con esto se toma a 1639 como año de la fundación de San Bartolomé de Tuluá y a Juan de Lemos y Aguirre como su fundador.

Las tierras de Barragán  le fueron quitadas a su propietario don Juan de Lemos y rematadas, proceso que se originó en una deuda de él a la real Hacienda.

El hijo de don Juan de Lemos, don Jerónimo de Lemos y Quiñones, recuperó las tierras pagando la deuda a las Reales Cajas, pero las vendió a Esteban de Herrera.

Otros propietarios de lo que se conoció como la Hacienda de Barragán, a través de diferentes transacciones compra y venta fueron: Miguel Díaz y Marcos Maldonado.

Un fenómeno de depoblación ocurrió en la centuria de 1.600: la población indígena se redujo y como consecuencia de ello muchos predios quedaron baldíos siendo adjudicados por la Corona a los colonos, aunque existen versiones de ocupaciones de Hecho.

La Comunidad de los Jesuitas figura en la lista de propietarios de las tierras de Barragán mediante una capellanía. La Comunidad Jesuita fue propietaria de las tierras de Barragán en el siglo XVIII, hasta cuando el Rey Carlos III ordenó la expulsión de la orden de la Nueva Granada en 1767. Capellanía era un sistema de apropiación de la tierra por medio del cual los españoles y sus descendientes dejaban propiedades a la iglesia con el fin de sufragar misas por el alma del propietario legatario.

Don Rafael Cancino pasó a ser el siguiente propietario de la región mediante una operación de permuta: el General José María Cancino, su padre, hizo sucesión en beneficio de su hijo Rafael Cancino, quien cambió las tierras que él tenía en Cundinamarca y que le habían sido adjudicadas por la Corona a su padre, por un terreno de 60.000 hectáreas de extensión que comprendía parte de lo que hoy son los municipios de Bugalagrande, Andalucía y Tuluá en la parte plana del Valle y Sevilla en las estribaciones de la cordillera central. En esta gran extensión de terreno estaban contemplados los terrenos donde hoy se encuentran Barragán y Santa Lucía, además de Puerto Frazadas y Jicaramata.



Dos fotografías de mucho contraste:  izquierda: la iglesia de Barragán en 1949, en una procesión de Semana Santa. La fotografía original está en uno de los albumes de la prima Angelina Arango Gómez, hija del tío José Jesús Arango Gómez. La fotografía de la derecha corresponde al aspecto actual de la iglesia. Tengo entendido que  la iglesia de la fotografía de la izquierda se quemó y luego construyeron la actual.


El testamento de don Rafael Cancino, padre de don José María Cancino y abuelo de don Rafael Cancino Rodríguez, dice que era exclusivamente dueño de un gran terreno que en resumen iba desde la cordillera de los Andes hasta las montañas vecinas del departamento del Tolima y hasta la primera serie de colinas que se presentan después del Valle, el terreno abarcaba las sabanas comprendidas entre el río Bugalagrande (desde boca de monte hasta la desembocadura del río Calarcá) y el río Guadalajara (de occidente a oriente pasando por el valle de los Domínguez.

En la obra de Joaquina Buitrago de Villamizar y sus colaboradores citada al comienzo de esta crónica se describe “el proceso de conformación de la propiedad territorial, en la región ha habido varias etapas, que de una u otra manera se circunscriben en los procesos de colonización en el país, en la formación de latifundios, la descomposición de los mismos, en el surgimiento de haciendas, su decadencia, su disolución por la necesidad de ser repartidas entre sus herederos, hasta llegar a la venta y ocupación de baldíos, ganados luego en procesos judiciales”.

Barragán se convirtió en una hacienda, que era una “unidad productiva y de explotación de las tierras que para finales del siglo XVII se constituyó en la nueva oportunidad para el desarrollo económico regional” según la investigación de Buitrago y los otros dos coautores. De acuerdo con esto, esta fue la forma de tenencia ejercida por don Rafael Cancino sobre los terrenos de Barragán .



Monumento a la Virgen erigido en 1954. Todavía de conserva y está ubicado a la salida de Barragán hacia el corregimiento de Salta Lucía.


La genealogía de los Cancino y por ende los propietarios de Barragán, está resumida en la obra que sobre Barragán y Santa Lucía escribieron Ana Joaquina Buitrago de Villamizar, José Ángel García Castillo y María Cenelia Orjuela Russi, así:

Rafael Cancino, hijo del general José María Cancino, tuvo tres hijos: Manuela, José María y Narcizo. Al fallecer Narcizo, quien no tenía hijos, deja parte de sus propiedades a Manuel y José María. Al Morir José María, sus propiedades son heredadas por sus tres hijos: Enriqueta, Rafael y José María Cancino Rodríguez, que se constituyen junto con su tía Manuela, en los únicos propietarios de las tierras de Barragán, pero Manuela, que era propietaria de la mitad, vende sus derechos a Rafael Cancino, quien a su vez compra a sus hermanos Enriqueta y José María las partes que les corresponden.

De esta manera se reunifica la propiedad de las tierras de Barragán en cabeza de don Rafael Cancino Rodríguez, hasta cuando el esposo de doña María Cancino, una hija de Manuela (Y sobrina de Rafael) que no tuvo herencia inicialmente porque cuando murió su madre ya había vendido su parte de la hacienda a Rafael, entabló una demanda contra el testamento de Rafael Cancino Rodríguez, obteniendo así beneficios para su esposa como heredera.

Para la época en que se realizaba el testamento de don Rafael Cancino Rodríguez, se iniciaba la ola colonizadora que se describe más adelante. Don Rafael Cancino Rodríguez falleció en 1902 dejando nueve hijos:

- Los Cancino Flórez: Ruperto, Rosaura Ofelia, Julio Cesar, Cecilia, José María y Esther.
- Los Cancino Barón: Aureliano, Mercedes y Marco Tulio.

No obstante lo extenso de los terrenos de Barragán descritos en el testamento de don Rafael Cancino abuelo, los territorios que según investigación notarial de los autores del libro “Barragán Santa Lucía”, se repartieron entre los descendientes de don Rafael Cancino, nieto, iban desde el alto de Cumbarco por el oriente, al norte hasta la quebrada de Calarcá aguas abajo hasta el rio Bugalagrande y aguas abajo hasta donde la quebrada de Frazadas desemboca en el este; territorio incluía terrenos baldíos remontando la quebrada de Frazadas hacia arriba incluyendo las tierras de Jicaramata hasta nuevamente el alto de Cumbarco. Así lo describe una cita textual del libro “Barragán Santa Lucía”.



En la vía desde Tuluá hacia Barragán,  "Puerto Frazadas" es un paso obligatorio. Allá estuvo igualmente la mano progresista de nuestros ancestros. La fotografía de la izquierda muestra a mi abuelo paterno don Bernardo Mejía Restrepo en compañia de su  segunda esposa doña Pastora Echeverri, posan  en su vehículo enfrente de la casa que el abuelo construyera en la entrada de Puerto Frazadas. La casa se conserva  actualmente como lo muestra la fotografía de la derecha.


A comienzos de 1.800 y como consecuencia de la guerra de independencia, las haciendas sufrieron una afección tanto en su conservación por parte de sus propietarios como en la manera como eran explotadas: “las haciendas se vinieron a menos, ya que las exigencias en dinero, alimento y hombres las fue debilitando” dice la obra de Buitrago, García y Orjuela. De acuerdo con estos, para su recuperación cambiaron de actividad, muchos vendieron sus propiedades a pobladores blancos sin riquezas ni títulos o a mestizos, mulatos, pardos y libres quienes convirtieron sus propiedades en estancias productivas. Nació el colonato en la región.

El colonato se convirtió en la forma de redistribución de tierras en Barragán, una ola de inmigrantes de los departamentos de Tolima, Antioquia y el viejo Caldas llegó a la región.

En la misma obra de Buitrago y colaboradores, se afirma que “cuando los colonos comenzaron a tumbar montañas en una escala considerable, los hospitalarios herederos del General Cancino se alarmaron e iniciaron el reparto del latifundio, pero ya era tarde. Trataron de abarcar lo que pudieron, pero los colonos hacían lo mismo, Había tierras para todos. Pero lo más complicado para los Cancino fue que no aparecieron los títulos de propiedad”.

La no aparición de los títulos de propiedad parecería generar una contradicción. Aún así, los Cancino decidieron parcelar con base en documentos notariales y archivos judiciales que se pudieron conseguir.

Con la nueva forma de redistribución de la tierra y para proceder a su explotación, nacieron los sistemas de arrendatarios, agregados y aparceros, que no eran otra cosa que sistemas de explotar la tierra sin que esta cambiara de dueño la cual implicaba una mano de obra asalariada. Esta forma persiste hasta nuestros días. Estas formas de explotación están vinculadas a la aparición de las clases sociales vinculadas al campo: apareció la clase social campesina.

Con la llegada de la violencia bipartidista (entre liberales y conservadores) agudizada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, muchos campesinos migraron a las ciudades.

De alguna manera las tierras de Barragán están ligadas a la fundación de Buga, de acuerdo con la tradición oral de nuestra familia: en predios de la Hacienda Vieja o La Ofelia como se conoce hoy en día, al menos hasta hace mas o menos 50 años existieron una ruinas de un convento y cimientos de construcciones que corresponderían a una de las primeras fundaciones de Buga: la que llevó el nombre de Buga Vieja ordenada directamente por Sebastián de Belalcazar en un año no determinado, o la ordenada por Pedro Fernández del Busto y ejecutada por Giraldo Gil de Estupiñan hacia 1554 ó 1555 y que se llamó Nueva Jerez de los Caballeros, que los registros históricos recogen como efectuada en las cabeceras del río Bugalagrande. Estos restos están ubicados cerca de unas salinas en el área de la desembocadura del río Tibí.

Los primeros registros históricos de llegada de los Arango a San Juan de Barragán datan de 1922, en lo que se constituye una segunda ola de colonización, siendo Luis Abel y José Jesús Arango Gómez los primeros de nuestra familia, respectivamente el quinto y sexto hijos del matrimonio del matrimonio del Abuelo Jesús María con doña Pastora Gómez Vélez. José Jesús, tenía 18 años y Luis Abel 17.



Muchas fincas fueron  abiertas con la mano progresista de nuestros ancestros en las regiones de Barragán y áreas circunvecinas. Y muchos de los años felices de sus familias transcurrieron allá, en Barragán y sus alrededores.  En las fotografías aparece Cecilia Arango Mejía, hija de mis tíos Luis Abel Arango Gómez y Ana Rita Mejía Arango, EL niño de las  dos fotografías soy yo.


José Jesús y Luis Abel venían desde Salamina; hicieron un alto para pernoctar en Zarzal con sus mulas y aparejos, desde donde debían tomar el tren hasta Buga antes de iniciar el ascenso de la cordillera hacia Barragán, su destino final porque tenían noticia de la bondad de sus tierras. En Zarzal les robaron las mulas y tuvieron que cubrir los costos de viaje entregando los avíos.

En Buga se encontraron con los Velásquez quienes eran dueños de una finca en Santa Lucía, a donde llegaron, donde recibieron albergue y desde donde comenzaron sus actividades como nuevos pobladores de San Juan de Barragán.

Los hermanos Arango Gómez compraron la finca El Paraíso, nombre que seguramente fue dado por otro visionario quien a lo mejor hizo un parangón semejante al de los Gómez quienes compararon a Barragán con la tierra prometida: la belleza de la región donde estaba la finca, le permitió pensar que así fue alguna vez el paraíso terrenal y probablemente tomo el nombre para este pedazo de tierra. Ampliaron la finca y luego se trajeron al abuelo Jesús María.

Don Jesús María Arango Mejía, nuestro abuelo, ya había perdido a su primera esposa doña Pastora, quien murió a los 35 años en el puerperio de la pequeña Soledad quien le sobrevivió un mes. Igualmente don Jesús María ya había contraído segundas nupcias con doña Delfina Duque Gómez. El abuelo Jesús María arribó a Barragán con doña Delfina y sus hijos Ramón de 6 años, Ana Julia de 5, María Rita de 4, Octavio de 3, Rafael Arturo de 2 y Aurora de1. En Barragán nació el 2 de febrero de 1924, Elvia, la séptima hija del matrimonio entre don Jesús María y doña Delfina, quienes tuvieron 4 hijos más antes la muerte del abuelo el 11 de agosto de 1933: Roberto, Heriberto, Ricardo y Cristóbal. Doña Delfina había muerto apenas un año antes, el 20 de noviembre de 1932.

Luis Abel compró la finca El Bosque a una señora de apellido Ossa, Allí se instaló con su esposa Ana Rita con quien se había casado el 02 de mayo de 1934. Luis Abel Arango Gómez y su joven esposa Ana Rita (Mis tíos) se fueron a vivir a Barragán el 4 de julio de 1935. Con ellos venía su primera hija, Cecilia, de tres meses de edad y Elvia Arango Duque, mi madre y hermana menor de Luis Abel, quien de esta forma inició la reunificación de la familia de la segunda esposa del Abuelo Jesús María Arango Mejía, con doña Delfina Duque Gómez. Con la muerte de la abuela Delfina, mi madre había sido confiada a doña Cecilia Arango Jaramillo, quien se convirtiera en mi abuela paterna: en casa de doña Cecilia se conoció con uno de los hijos de esta, Arturo, quien sería años mas tarde mi padre.

El tío Jesús María Arango Gómez llegó a Barragán en 1923 junto con Gabriel, Telésforo y Gómez, sus primos, hijos de tía abuela María Dolores Arango Mejía, pero estos no se establecieron en Barragán sino hasta 1924. Gabriel Gómez, hermano de los anteriores llegó con su familia en 1935, venían con Evangelina, Cecilia Rosa, Raquel y Anita. El tío José Jesús se casaría con Cecilia Rosa el 20 de noviembre de 1929. El tío José Jesús fue un agricultor consagrado en el área de Barragán y algunas veredas circunvecinas.

Las actividades agropecuarias del tío Jesús María Arango Gómez como las de sus hermanos fueron prósperas y algunos de sus descendientes todavía viven en la región.

Igualmente el abuelo Bernardo Mejía Restrepo y su familia se fueron a vivir en Barragán allá por el año de 1936 y de allí partieron para la Herrera en el Tolima en agosto de 1941.

Con el correr del tiempo, Luis Abel y su familia y las familias de sus hermanos, comenzaron a gozar del aprecio de sus vecinos los Garrido-Cancino y los Vásquez Cancino, quienes vieron en ellos sus sanas costumbres, su don de gentes y su espíritu emprendedor, además por las relaciones de vecindad de sus propiedades, pues la finca El Bosque de propiedad de Luis Abel, se encontraba entre La Ofelia (De propiedad de doña Ofelia Cancino y don Francisco Garrido) y San José (De propiedad de doña Esther Cancino y don Roberto Vásquez).

Con el establecimiento de Luis Abel Arango en la región se inició, desarrolló y floreció la explotación del trigo, mercado que el tío Luis Abel impulsó en la región favoreciendo la instalación de campesinos boyacenses y nariñenses. Arturo Mejía Arango, mi padre, manejaba las máquinas para procesar el trigo, máquinas que el tío Luis Abel había importado de Suiza. El tío Luis Abel se convertiría en una especie de Zar del Trigo en Colombia. Nada de la floreciente explotación el  trigo y del impulso que le dieron los Arango a la región se menciona en el libro de Buitrago, García y Orjuela.



Indiscutiblemente y respetando la memoria de quienes llegaron primero a las tierras de Barragán, allá en las tierras altas  de Tuluá, en el Valle del Cauca,  la historia de mi familia está ligada desarrollo de Barragán, al igual que en otras regiones de Colombia, los Arango  fueron una raza de pobladores y Barragán se convirtió en una tierra de oportunidades. Los años felices de la infancia de  mi generación, están ligados a las tierras de Barragán y también a las de Santa Lucía, donde todavía viven algunos de los descendientes de ellos y siguen siendo motor de desarrollo para la región. En la fotografías aparecen el tío Luis Abel Arango Gómez y su esposa, igualmente mi tía, Ana Rita Mejía Arango (Fotografía de la izquierda). A la derecha aparecen el tío Jesús María Arango Gómez y su esposa Clara  Ramírez Aristizabal.


Pedro María Arango Mejía, hermano de mi abuelo Jesús María fue un patriarca poblador de las tierras de Tenerife en la parte alta del municipio de El cerrito en el Valle del cauca; pero en su trasegar de su natal Salamina en el departamento de Caldas hasta El Cerrito en el valle del Cauca, vivió en Barragán, motivo por el cual Álvaro, uno de sus hijos se conoció Ana Julia la hermana mayor de mi madre. Álvaro y Ana Julia se casaron el 30 de julio de 1938.

Mis padres, Elvia Arango Duque y Arturo Mejía Arango, se habían establecido en Barragán después de su regreso de La Herrera en el departamento del Tolima, donde habían ido a vivir después de su matrimonio en Sevilla (Valle del Cauca), el 26 de agosto de 1941, haciendo parte de una romería de paisas que iban a colonizar las tierras agrestes del Tolima, arriba de Rioblanco, por aquel tiempo del municipio de Chaparral. Su regreso al Valle del Cauca y a Barragán ocurrió el 25 de septiembre de 1942, trece meses después de su matrimonio y de su viaje a La Herrera.

El 8 de diciembre de 1942, llegaron a Barragán mis tíos Jaime y José Valentín, adolescentes para aquella época, quienes venían de La Herrera después de cruzar a pié el Páramo de Las Hermosas en compañía de la Abuela Cecilia, para salir a Florida en el Valle del Cauca, donde tomaban el transporte hasta Sevilla.

El tío Jaime se casó con Rosalba Restrepo Echeverri el 6 de agosto de 1953 y se radicaron inicialmente en Sevilla pero luego se fueron a vivir en Tesorito, la finca del tío Luis Abel en cercanías de Barragán y luego en Barragán allá por el año de 1957 vivían en la casa conocida con “El alto de la coles” cuando nació Amparo, la tercera hija del matrimonio, igualmente allá en Barragán nació Cecilia, la segunda de las hijas.

Este es el Barragán histórico, el que conocimos de niños en la década de 1950, el Barragán florido no solo por los hermosos jardines sino por el colorido de los vestidos de la muchachada en la época de vacaciones, cuando los hijos de los dueños de la tierra vivían en el campo y sus hijos regresaban de vacaciones desde las casa de los parientes donde vivían o de la ciudades como Tuluá, Buga, Manizales y Popayán donde estudiaban internos.

Es el Barragán con las diferencias partidistas de una segunda “patria boba” que permitía que sus campesinos se despedazaran en el campo por razones que nosotros y muy probablemente nuestros padres no entendían y que por este motivo nos era una “patria boba” un tanto ajena sin que esto quiera decir que las imágenes de los campesinos masacrados se hayan borrado de nuestra memoria; fueron hechos que nos marcaron de niños y que todavía no terminamos de entender.

En Barragán floreció y dio fruto la tierra gracias al esfuerzo de las gentes que la poblaron, por las razones que hayan sido y que relatan los hechos históricos recogidos en esta crónica, al igual que por sus colaboradores en las actividades labrantías. Allí prosperaron sus negocios, allí se arruinaron muchas veces y allí volvieron resurgir de su ruina como el ave Fénix de sus cenizas.

Barragán fue para nuestros ancestros, una tierra de promisión, desde la cual emigramos hacia diferentes puntos cardinales del país y del exterior, por razones económicas, académicas, políticas o simplemente por cansancio de vivir en una tierra que teníamos que compartir con la violencia. Mi padre, en una tarde cualquiera de finales de 1957 llegó en un camión a la casita donde vivíamos en la primer calle del pueblo a la izquierda y dijo: “Nos vamos ya de este pueblo”; mi madre no terminó de hacer un dulce a base de leche, recogimos algunas cosas de la huerta, sin empacar subimos los "corotos" al vehículo y no fuimos, hacia Tuluá pero sin rumbo fijo. Así que el término “desplazado” para mi no es nada nuevo.




miércoles, 12 de enero de 2011

Los Del Campo y los Valdés

Por: Bernardo Mejía Arango

Colombia fue colonizada por los españoles a partir del siglo XVI. Los apellidos españoles, como los de otros países europeos, comenzaron a ser utilizados a partir de los siglos XI y XII. Su evolución y sus características no son diferentes a los de esos otros países.

En el sistema español, cada persona tiene dos apellidos: el primer apellido es el primer apellido del padre; el segundo apellido es el primer apellido de la madre. El apellido de la madre, con el tiempo, "se extingue", ya que al ir en segundo lugar, nunca será transmitido a los hijos, a los cuales se transmite sólo los primeros apellidos del padre y de la madre. El primer apellido era muy frecuente, mientras que el segundo no lo era tanto

Don Domingo Antonio de Arango y Valdés, quien trajo el apellido Arango de mi familia a Colombia nació en Villagonzay, feligresía de San Martin de Arango en Pravia, Asturias, era hijo de don Juan del Campo González y doña María Diez de Arango Alvarez.

Los padres de don Juan Del Campo González fueron don Diego Del Campo Valdés y doña Valésquida González

Por su parte, doña María Diez de Arango Alvarez era hija de don Diego Suarez de Arango y de doña Aldonza Alvarez de Arango.

De acuerdo con los cánones actuales en materia de apellidos, don Domingo Antonio debió apellidarse: Del Campo Diez González Arango. Y nosotros deberíamos tener el apellidos Diez en vez de Arango. Así y todo, don Domingo Antonio tomó los apellidos De Arango y Valdés. El Arango era el segundo apellido de su madre doña María y el Valdés lo tomó del segundo apellido de su abuelo don Diego.

Podríamos suponer que don Juan, el padre de don Domingo, tenía nombre compuesto: Juan del Campo y que el apellido fuera González. De la misma manera podríamos suponer, que doña María, su madre, tenía nombre compuesto: María Diez, y que el apellido fuera Arango. Aceptando tal suposición, don Domingo Antonio debió tener por apellidos: González de Arango. Esto no pasa de ser una simple suposición, porque está comprobado que Del Campo y Diez, eran apellidos españoles.

Don Domingo Antonio, pues, tomó el segundo apellido de su madre doña María (Apellido que a su vez era el segundo del abuelos maternos don Diego y doña Aldonza. De igual manera tomó como segundo apellido (Valdés), el segundo apellido de su abuelo paterno.

Pudo haber pasado que don Domingo Antonio hubiese tomado el Arango debido a su procedencia: San Martín de Arango, una aldea (núcleo rural de población que agrupa unas pocas caserías), en cuya jurisdicción se encuentra la feligresía de Villagonzay.

Hasta el siglo XIX se podía dar el caso de hermanos y hermanas que tuvieran apellidos diferentes, siendo hijos del mismo padre y de la misma madre. Esto era así porque en esas familias se extendió la costumbre de que cada hijo o hija escogiera sus apellidos (primero, segundo, y ¡hasta tercero!) de entre los existentes en las generaciones de sus padres y sus abuelos.

Nada impedía que alguien llevara como primer apellido el segundo apellido de su abuela materna, seguido del primer apellido del abuelo paterno, por ejemplo. Las razones para escoger uno u otro apellido podían ser: la persona en cuestión los tomaba como homenaje especial a un antepasado concreto; o bien el portador entendía que los apellidos escogidos eran de mayor prestigio social que los otros existentes; o, en algunos casos, era una obligación impuesta en un testamento para recibir una herencia de un abuelo o una abuela.

De todas formas, lo que no podía hacerse era tomar un apellido que no hubiese sido llevado por algún antepasado directo de las dos o tres anteriores generaciones. ( http://www.lopaisa.com/apellidos1.html )

APELLIDO VALDES:

En los tiempos medievales nace el linaje de los Valdés, cuyo solar se localiza en San Cucao de Llanera en Asturias. Durante la Edad Moderna constatamos varias ramas laterales, tanto en el propio territorio asturiano como en el resto de la Península Ibérica y América.

Así pues, Valdés es un apellido de origen asturiano, una rama paso a Sevilla. Probó su nobleza numerosas veces en la Orden de Santiago y en las de Calatrava, en la de Alcántara, además en las Ordenes de Montesa, Carlos III, y San Juan de Jerusalén, en la Real Audiencia de Oviedo, y en la Real Compañía de Guardias Marinas. Don Félix Valdés de los Ríos, fue creado Marqués de Casa Valdés en 1847, don Jerónimo Valdés Noriega, Conde de Villarín en 1849, y don Ramón Valdés y Busto, Barón de Covadonga, en 1861. Otro Valdés histórico es don Álvaro Queipo de Llano y Valdés, I conde de Toreno.

Es don Álvaro alférez mayor del Principado de Asturias desde 1636- perpetuo y hereditario-; primer vizconde de Matarrosa desde el 19-de abril de 1657; primer conde de Toreno desde el 30-de octubre de 1659; Señor de la Casa de los Queipo, de las villas y jurisdicciones de Toreno, Jombrio, La Muriela y Verni en la comarca leonesa del Bierzo; dos veces corregidor de Madrid; corregidor de Granada; consejero de Hacienda; regidor perpetuo de Palencia; familiar del Santo Oficio de Sevilla; gentilhombre de boca de S. M. Felipe IV; mayordomo del Infante Cardenal Fernando de Austria; caballero de la orden de Santiago y del consejo de las Órdenes.

En los “Apuntes Genealógicos y Biográficos de Llanes y sus Hombres”, escrito por Manuel García Mijares (1893) (http://www.llanes.as/cla/mij/mj007.htm), aparece el siguiente apunte sobre los Valdés:

“La casa y linaje de Valdés, es tan antiguo, conocido y extendido en Asturias, que apenas hay concejo ni villa, donde no haya o hubiese habido casa, y casas principales de este apellido, existiendo aún algunas muy distinguidas, que conservan esta varonía a pesar de los muchos enlaces con otras casas y familias.

En lo antiguo, y hasta los reinados de D. Pedro el Cruel, y de D. Enrique su hermano, el linaje de Valdés, fue uno de los más ilustres y poderosos, pero en dicho reinado padeció mucho el dueño de la casa fuerte y solar antiguo de dicho apellido, que se entiende el de las Torres que llamaban de San Cucao de Llanera, donde aún se conservan vestigios de la primitiva casa fuerte y Torres, que se demolieron de orden del Rey Don Enrique segundo, por haber seguido la parcialidad del Rey Don Pedro su hermano; pero a pocos pasos de distancia, se ve la que posteriormente y con licencia y privilegio Real, se fundó de nuevo, cuyo privilegio fue concedido a Diego Menéndez Valdés «el mejor mi vasallo y guarda mayor de mi cuerpo.»

Si hubiésemos de recopilar y narrar las grandezas de este linaje en Asturias, y los varones ilustres de él, sería nunca acabar”.

Al lado la heráldica del apellido Arango, se debe analizar la heráldica del apellido Valdés. Se debe recordar que Domingo Antonio de Arango y Valdés pudo haber tomado el apellido Arango de su madre (María Diez de Arango) o el toponímico (del lugar) a partir de Arango o San Martín de Arango, en cuya área se encontraba la feligresía o parroquia de Villagonzay, donde nació. El padre fue don Juan del Campo Valdés. Por esta razón, Tirso de Molina (Fray Gabriel Téllez, quien en alguna época anterior a su vida monástica, estuvo al servicio de Don Juan Mejía de Tobar y Velásquez, Conde de Molina, de los Mejía de Villacastin, España, de donde proceden los Mejía de mi familia) escribió en uno de sus poemas, un verso que más o menos (porque no lo he podido encontrar, pero que Cecilia Arango se lo sabe de memoria) dice así:

“Tres bandas azules esculpidas,

las mismas que San Francisco dio a su gente

tiene el escudo de los Valdés de Arango,

noble y limpia gente”

Hay muchas versiones del escudo con las tres bandas azules, pero los Valdés de Arango de Asturias utilizaron un escudo que tenía tres bandas azules en un fondo plateado.

http://www.blogger.com/img/icon18_edit_allbkg.gifAPELLIDO DEL CAMPO Y DERIVADOS:

El progenitor de Campos tomó por apellido el nombre del lugar de donde era oriundo. Los etimólogos, Joan Corominas y J.A. Pascual, citan el vocablo castellano "campo" y dicen que deriva del vocablo latino "campus", que denota "llanura, terreno extenso fuera de poblado"; y agregan que el sentido de "espacio de tierra limitado que se labra" correspondía en latín a la palabra "ager”; el empleo de "campus" en este sentido resulta de una innovación romance, común a todas las lenguas neolatinas, y que ya aparece en el latín de la decadencia.

Podemos considerar los apellidos siguientes como derivados: Campo, Campoo y Campoos. Todos ellos tienen el mismo origen, historia y escudo de armas.

Culturalmente, el nombre de Campos de Urnas va unido a cierta civilización prehistórica de Europa durante la segunda mitad de la Edad de Bronce. Viene este nombre de la costumbre que tenía esta cultura de incinerar los cadáveres y depositar las cenizas en unas vasijas o urnas que luego eran enterradas. Procedentes del centro de Europa. Atravesaron los Pirineos para establecerse primero en la cuenca del Ebro y posteriormente en la meseta castellana, donde desarrolló una amplia cultura cerealista.

La historia del apellido Campos cabe remontarla en los lejanos tiempos de la Reconquista donde los ejércitos cristianos ocupaban las tierras que durante siglos habían sido dominadas por los musulmanes. El apellido Campos es muy antiguo y procede de la zona castellana, en tierra de Campos mencionada antes, provincias de Valladolid, León y Palencia. Según Fernando González-Doria en su "Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España", el apellido tuvo su primitiva casa solar en Castilla. En casi todas las regiones de España hubo casas solares de este apellido.

Una de las más antiguas y nobles casas del apellido estuvo en la Villa de Castrogeriz (Burgos), de la que dimanó, entre otras, la que fue a establecerse en las Islas Canarias. Casas muy principales estuvieron en Oruña (Santander), Boltaña (Huesca), Almunia (Zaragoza), Concejo de Llanera (Asturias) y Guernica (Vizcaya). Este noble y antiguo linaje, probó, repetidas veces, su nobleza en la Sala de Hijosdalgos de la Real Chancillería de Valladolid,

La del Concejo de Llanera, es la que muy probablemente nos concierne en relación con don Domingo Antonio de Arango y Valdés, por estar ubicada en Asturias.

Las armas del apellido en España, según detalla Fernando González-Doria, son: Escudo mantelado: primero y segundo de oro, con dos crecientes de azur afrontados, y la manteladura de gules, con el león rampante de oro. (http://www.surnames.org/apellidos/campos.htm).