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domingo, 22 de noviembre de 2009

Salamina (Caldas, Colombia), tierra de nuestros ancestros



Las fotos son tomadas por Alex Galvis y publicadas en el blog "Salamina Caldas, Colombia"

Grandes fueron las correrías por Colombia de los Españoles que trajeron los apellidos Arango y Mejía al país. Los descendientes de ellos, finalmente fueron a parar a Salamina, población ubicada en las montañas de la cordillera central.

Hay que haber recorrido las montañas de Caldas y Antioquia, para entender el tesón y berraquera que pusieron estos colonizadores a su empresa de expansión en busca de nuevas y mejores tierras tierras para ellos y sus descendientes. Este entendimiento se hace mas claro cuando se visita el monumento a los colonizadores, ubicado en el Lago de Aranguito en el extremo del corredor turístico del Alto de Chipre en la ciudad de Manizales. De acuerdo con las crónicas, en este sitio se subió a la copa de un árbol, Joaquín Arango Restrepo, uno de los 20 fundadores de Manizales (Nuestro ancestro por parte de la abuela Cecilia Arango Jaramillo), y divisó desde la copa del mismo, las extensas tierras donde hoy está ubicada la ciudad y dijo (Palabras más, palabras menos): "Esto está bueno para fundar una ciudad". Viendo este monumento, entendemos todo lo dicho.

Allá en Salamina vivieron nuestros ancestros Pedro Arango y su esposa Luisa Ruiz, padres de Jesús María Arango Ruiz, quien se casó con Ana Joaquina Gómez Alzate Duque, quienes fueron los padres de Joaquín Arango Gómez, quien se casó con Sara Mejía Toro. Joaquín y Sara fueron los padres de nuestro abuelo Jesús María Arango Mejía.

Igualmente allá vivieron don Ramón Mejía y doña Chiquinquirá Salazar, padres de José María Mejía Salazar quien se casó con Gregoria Toro Giraldo y fueron los padres de Valentín Mejía Toro, quien se casó con Ana Rosa Restrepo Alvarez del Pino, Valentín y Ana Rosa fueron los padres de Bernardo Mejía Restrepo, nuestro abuelo paterno.

Salamina fue fundada por Fermín López, Pablo López, Manuel López, Juan José Ospina, Carlos Holguín, Francisco Velásquez, Nicolás y Antonio Gómez Zuluaga, José Hurtado, José Ignacio Gutiérrez, Nicolás Echeverri, entre otros personajes que son recordados y respetados por la comunidad. Así mismo se conoce que buena parte de los fundadores de Salamina fueron mujeres como Ana Josefa García, Trinidad Álvarez Mesa, Micaela Delgado, Manuela Villa, entre otras.

Salamina nació a la vida civil el ocho (8) de junio de 1.825, por decreto ejecutivo firmado por el general Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la República. Como el proceso de colonización queda descrito en lo relacionado con los municipios de Pácora y Aranzazu, tomamos una bella pieza fragmentada, de Jaime Salazar López, que resume el proceso de la ilustre ciudad.
“El bello nombre de Salamina es un célebre topónimo de raíz greco - oriental que tiene un noble significado de la paz. Evocador de memorables fastos, llamaronse así en la antigüedad clásica una ciudad chipriota fundada por Teucro después de la guerra de Troya, donde se libró la batalla que restableció el predominio marítimo de Atenas y la isla del golfo de Salónica donde la armada griega, al mando de Temístocles, venció la flota persa del rey Jerjes en el año 480 antes de Cristo, preservando la cultura helénica del vasallaje oriental.

“Así se llama hoy la ciudad fundada en 1.825 en el extremo de un contrafuerte andino por un puñado de esforzados labriegos capitaneados por Fermín López, epónimo descubridor de nuevas tierras, después de un largo y audaz periplo por montes y collados, que se constituyó en el epicentro de la colonización antioqueña durante buena parte del siglo XIX y en el meridiano socio - político y cultural del sur de Antioquía. De allí partieron por diferentes rutas los fundadores de Filadelfía, Neira, Santa Rosa de Cabal, Manizales, Aranzazu, Pensilvania, La Merced, Marulanda, San Félix y Armenia, por lo que Salamina es llamada con justicia “Madre de Pueblos”. Antiguos dominios de Posoes, Armas y Chamberíes, tribus ya extinguidas de la gran familia caribe, fue teatro de nobles episodios de la odisea antioqueña emprendida en 1.787, y no menos heróica que la conquista española. En el hecho de armas del cinco de mayo de 1.841 librado en la inmediaciones de la población, las fuerzas de Antioquía comandadas por don Braulio Henao, consolidaron la unidad de la provincia. Trece años después, en 1854, el Batallón Salamina, conducido por el mismo legendario guerrero, cruzó victorioso el puente de Bosa y contribuyó decisivamente a derribar la dictadura de Melo.

“La aldea había comenzado a poblarse en torno a la plaza principal, histórica y hermosa, adornada hoy por la artística fuente parisiense, el Pastor de almas y Robledo el poeta terrígeno. “Pueblo de fe y libertad”, como reza el coro de su himno, erigió en el costado norte el templo católico, joya de original estilo arquitectónico, imitada pero no igualada, soñada y diseñada por el súbdito inglés William Martín, protestante y masón y edificada por los presbíteros Isaza y Barco, no menos pujantes que los fundadores. Allí la preciosa imaginería, ya parisiense, ya barcelonesa, ora tallada por las manos ingeniosas de Carvajal, sus finas maderas primorosamente labradas por Tangarife y sus altas y sonoras campanas forjadas en la propia fragua doméstica con las joyas donadas por sus damas.

“Salamina es un poblado pintoresco de calles rectas y angostas, que antaño tuvieron nombres de héroes y batallas, de casas típicas de la colonización “paisa” con costumbres españolas, de anchos aleros sombreadores, sintomáticos de la hospitalidad de sus gentes, ventanas “arrodilladas” de acentuada curvatura, balcones neoclásicos de hierro forjado o madera tallada donde se acuñó la elocuencia caldense, amplios zaguanes propicios para la afable tertulia y el tierno idilio, portones y contraportones de bordada ebanistería que dejan entrever al curioso visitante, floridos, fragantes y ensoñadores jardines en patios enclaustrados, portadas de comedor ricamente labradas con remates en altos y bajos relieves, cargados de flores y frutos que enmarcan graciosas o grotescas figuras humanas.

Es el influjo tardío del barroco sobre la exuberante y recóndita región antioqueña. Trepada airosamente sobre un anticlinal cordillerano, la antigua capital provincial conserva bien su fisonomía decimonónica, nimbada por el cielo purísimo, trasparente, con sus soles inmensos y sus noches consteladas y un tibio clima para el sosiego del espíritu.

“Sus moradores. Clasistas, más no racistas, empuñaron las armas en los albores de la historia aldeana, herencia quizás del empuje y trashumancia de los montañeses. Hoy son pacíficos labradores y sagaces mercantes con acendrada vocación por las bellas letras.

“La espada cedió galante el paso a la espiga y la pluma, y las tres, entrelazadas, conforman las armas del escudo salaminita. En 1897 fundaronse “La Tertulia Literaria” y el Banco de Salamina. Empresas de la inteligencia y el progreso que registran dos momentos estelares en la historia de la ciudad. Ya en 1.844 había nacido la salamineña Agripina Montes del Valle, la “Musa del Tequendama” que pinta con vigor y opulencia geniales la maravilla natural y entra en el escenario de la lírica castellana encomiada por Valera, Pombo, Gómez Restrepo y Maya, reinvindicando el valor de la mujer en la América hispana. Después de ella vendrían Juana Bautista López, Eusebio, Emilio y Jorge S. Robledo, Ricardo Tirado Macías, Luis Alzate Noreña, Tomás Calderón, Daniel Echeverri, Fernando Mejía Mejía y otros cultores de Arte que hicieron de Salamina la “Ciudad Luz”, primero de Antioquía la Grande y luego del Viejo Caldas. Sobre la hidalga ciudad ha soplado con potencia el Espíritu”.

La historia eclesiástica de Salamina nace con la ciudad misma. Sin embargo, el primer sacerdote aparece posesionado con fecha 18 de marzo de 1829, siendo tal el padre Ramón Marín, medellinense, quien ese mismo día hizo apertura de los libros parroquiales. El padre Marín fué miembro y presidente del primer cabildo salamineño en 1842, edificó la primera iglesia, el cementerio y las casas para escuelas y echó las bases de la prosperidad moral y material de la población.

El 27 de enero de 1.856 llegó a Salamina, con nombramiento de Cura, el sacerdote abejorraleño Manuel Canuto Restrepo, quien fué representante electo a las legislaturas de Antioquía y los congresos granadinos, obispo de Pasto y asistente al Concilio Vaticano I. El Padre Restrepo era un hombre inteligente, de vasta erudición, eminente orador sagrado y uno de los más notables prelados colombianos. En el año de 1.865 fué cura interino el sacerdote Carlos José Ortiz. Fué sucedido el mismo año por el presbítero Francisco Antonio Isaza, oriundo de Itaguí, quien como Cura Excusador de Salamina inició una nueva época de progreso moral y material en la historia de la parroquia, “un despuntar de la fe”, con la construcción del templo mayor. En abril y mayo de 1.876 ejerció como encargado con funciones de párroco el padre Felipe Suarez, quien fundó el hospital de caridad San Juan de Dios, que hoy lleva su nombre. En mayo de 1.877 se encargó de la vicaría foránea el presbítero Baltazar Vélez. El padre Vélez impulsó en la ciudad el cultivo de las bellas letras, que luego le darían a Salamina el calificativo de “Ciudad Luz”.

El 21 de enero de 1.881 llegó a Salamina el presbítero rionegrino José Joaquín Barco. El 22 de abril de 1.877 fué nombrado Cura Excusador de Salamina por el obispo, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, gozando luego del título en propiedad. Luego fué nombrado para el curato de la catedral de Manizales. Regreso después a Salamina y fué párroco hasta el doce de diciembre de 1.912, fecha de su muerte. Durante treinta y dos años sirvió la parroquia que edificó con sus virtudes y levantó con su espíritu progresista y cristiano. El magnífico y hermoso templo, el hospital de caridad, el artístico cementerio, la casa de beneficencia, las escuelas y colegios, las hermanas de la Presentación todo esto y mucho más le debe Salamina al padre Barco. En el año de 1952 se erigió una estatua suya en la plaza mayor, frente al templo parroquial.

De 1.913 a 1.927 fué cura propio el padre Rafael Ramírez. Sucedió al padre Ramírez el presbítero sonsoneño Gonzalo Uribe Villegas, encargado en propiedad de la cura almas desde 1.927 hasta enero de 1.931. De 1.931 a 1.933 fué cura propio el presbítero manizaleño Benjamín Muñoz. Vino luego el doctor Isaías Naranjo, nacido en Apía, cura desde 1.933 hasta 1,938. De noviembre de 1.938 a febrero de 1.939 entró en funciones como vicario sustituto el presbítero salamineño Rubén Mejía Ángel.

Por medio del decreto 109 del 21 de febrero de 1.939, el obispo nombró vicario ecónomo de Salamina al también sacerdote salamineño don Carlos Isaza Mejía, hasta entonces cura de Aranzazu. De abril a septiembre de 1.950 y por ausencia del padre Isaza regentó la parroquia otro salamineño, el presbítero Guillermo Duque Botero. Al ser nombrado Monseñor Isaza en 1.977 cura párroco de la Basílica Metropolitana de Manizales y Deán del capitulo catedralicio, fué designado cura párroco y vicario foráneo de Salamina el presbítero antioqueño Luis Enrique Hoyos Ochoa que al celebrar en 1.985 las bodas de plata sacerdotes, fué elevado a la dignidad del Prelado de Honor del Papa Juan Pablo II.

Situada en la Cordillera Central, a 76 km de Manizales, con una altura de 1.775 metros sobre el nivel del mar, posee una superficie de 400,6 kilómetros cuadrados y su temperatura promedio es de 22°C. Cuenta con una población de 27.103 habitantes.Sus calles y arquitectura en general (madera, guadua y tierra) le han merecido la denominación de Monumento Nacional y Patrimonio Arquitectónico. También fue cuna de escritores y poetas. Sus platos típicos son la trucha en todas sus variedades y los huevos al vapor y son famosos los panderos de Salamina.

PERSONAJES:

Agripina Montes del Valle, Poetisa; Juan Bautista López, Historiador; Emilio Robledo Correa, Historiador, Gobernador, Académico; Jorge S. Robledo, Poeta; Rodrigo Jiménez Mejía, Cronista; Fernando Mejía Mejía, Poeta; Leonidas Amaya, Cuentista; Monseñor Rubén Isaza Restrepo, Arzobispo; Guillermo Isaza Mejía, Gobernador; Daniel Echeverri Jaramillo, Poeta; Guillermo Duque Botero, Historiador, Germán Mejía Duque, Gobernador; Camilo Mejía Duque, Congresista y Gobernador; Bonel Patiño Noreña, Historiador y Novelista; Martha Patricia Isaza Quintero, Poetisa; Uriel Giraldo Álvarez, Poeta laboreado en varios concursos departamentales y nacionales.
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Información de contacto: misraicespaisas@yahoo.com

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