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domingo, 21 de noviembre de 2010

Los Arango, una raza de pobladores. Tenerife, una tierra de oportunidades



Por: Bernardo Mejía Arango
Colaboración especial: María Esperanza Arango Gómez

Un delicioso café preparado por Nelly Gómez Arango y una conversación como siempre entretenida y amable con ella y con su hermano Fabio, hijos de la tía abuela Carmen Teresa, hacen parte de las tertulias vespertinas que se han vuelto usuales varías veces al mes; en ellas departimos jocosa y alegremente sobre temas de familia. Estas tertulias han sido muchas veces el punto de partida para iniciar los contactos con los familiares de Palmira, para obtener la información necesaria para la obra de genealogía de nuestras familias Arango y Mejía, proyecto en el que he venido trabajando desde hace diez años y del que ya hay un libro todavía inédito.

Con los Arango Gómez, hijos de la tía abuela Teresa, nos unen además lazos de parentesco por ser ellos y nosotros descendientes de los hermanos Sara y Valentín Mejía Toro respectivamente. Sara, la abuela de ellos es mi bisabuela materna y Valentín su hermano, mi bisabuelo paterno. Igual llevamos la sangre Arango y Mejía.

En la noche lluviosa del 18 de noviembre de 2010, Fabio me mostraba en una de esas tertulias, un inventario juiciosamente elaborado por él, de las fincas y sus propietarios y de las casa y los habitantes de ellas y existentes, allá por el año de 1936, en Tenerife, actualmente el principal corregimiento del Municipio del Cerrito, enclavado en las faldas de la cordillera central a 52 kilómetros de la cabecera municipal.

En la cuenca hidrográfica del río Amaime, conformada por pequeños valles y planicies entre los cuales serpentea la subcuenca del río Coronado, se encuentra la región de Chinche en la cual a su vez se encuentra Tenerife, principal corregimiento del municipio el Cerrito.

Allí en Tenerife, la primera despensa hortícola del Valle del Cauca, viven actualmente 300 familias dedicadas a la agricultura y a la ganadería; su fundador don Ramón Elías Agudelo Hincapié había llegado a la región entre 1906 y 1910, pero de acuerdo con el inventario de Fabio, hacia 1936 había 25 propietarios de fincas y 36 dueños de casas. Desde ese año y desde muchos años atrás, encontramos en ambos listados nombres de personas de la familia Arango y de familias muy próximas a los Arango, ya por vínculos familiares, ya por otros lazos como el de la amistad y el de ser compañeros de una migración desde tierras de Antioquia y el antiguo Caldas.

En esos listados encontramos a Pedro María y Joaquín Arango Mejía, Francisco Gómez Escobar (Esposo de la tía abuela Carmen Teresa Arango Mejía), Luis Elías Gómez, Jesús Gómez, Efrén Arango, Ester Escobar, Amalia Arango, Domingo Arango, Elías Escobar y muchos más de una larga lista de apellidos de asonancia principalmente paisa.

La misma noche lluviosa del 18 de noviembre, estuve en casa de Otoniel Arango Gómez, con quien pocos años atrás había sostenido una conversación acerca de la genealogía de familia Arango Mejía, los descendientes de don Joaquín Arango Gómez y doña Sara Mejía Toro, sus abuelos. Otoniel ya no está, pero vivió lo suficiente para conocer la obra de María Esperanza, su hija, quien elaboró y le dedicó a su padre con motivo de los 50 años de su matrimonio, una bella obra sobre la genealogía de sus padres Otoniel Arango Gómez y María del Rosario Gómez Velásquez.

En esta oportunidad, María Esperanza me contó de su motivación por la obra de genealogía. En ella se cuenta textualmente, cómo o mejor dicho porqué llegaron las paisas a Palmira y por ende a Tenerife, en el valle del Cauca:

“Los paisas llegaron al Valle a cambiar mercancías por ganado. Palmira era el eje económico, aquí se vendía la producción de las haciendas del antiguo Cabildo de Cali, que cubría el río Cauca, el Bolo, el Amaime y el Nima. Los paisas con su instinto de negociantes “olieron” estas oportunidades y establecieron contactos, vinieron a conocer y se quedaron para establecerse definitivamente es estas tierras”.

Cuando en 1924 nació Elvia, mi madre, el abuelo Jesús María llevaba algún tiempo en Barragán. Hacia 1922 llegaron Luis Abel y José Jesús, y así se inició el éxodo de Arangos desde Caldas hacia el valle del Cauca. Pedro María, su hermano muy querido de mi abuelo, llegó después y se instaló primero en Barragán; esta fue la oportunidad para que Alvaro Arango Escobar y Ana julia Arango Duque se conocieran y se casaran. Pedro María se iría después a Tenerife con su familia.

“En el caso de Otoniel – continúa la narración de María Esperanza- fue en enero de 1936 cuando en su tierra la presión del grupo político contrario se hizo inaguantable y decidió venirse al Valle del Cauca y específicamente a Tenerife, tierra ya conocida por su padre don Joaquín Arango Mejía y explorada por su tío don Pedro Arango Mejía. Llegaron a establecerse en el cañón de Chinche comprando propiedades en lo que hoy día son las fincas La Cumbre y Tesorito”.

“Joaquín Arango Mejía, su esposa Carmen Emilia Gómez Gómez y sus hijos habían llegado al Valle de Cauca en tren, con sus mulas, demás animales y equipajes. Se establecieron primero en Moravia. Don Joaquín tenía dos opciones: comprar unos terrenos en la ciudad (que incluían el sitio donde actualmente queda la galería o plaza de mercado) o adquirir propiedades en Tenerife. Don Joaquín se decidió por la segunda opción, entre otras cosas para estar cerca de Pedro María, su hermano del alma”, dice el relato de María esperanza.

Los Arango inmigrantes de la tierras de Antioquia y Caldas, llegaron uno solteros y otros con sus esposas y sus familias. Otoniel conoció a María del Rosario, una dama cuya familia era igualmente de las familias inmigrantes, procedente de las tierras de San Félix en Salamina, con quien se casaría para constituir una familia con seis hijos.

Francisco Gómez Escobar, su esposa la tía abuela Carmen Teresa con sus 7 hijos (Luis Elías, Fabio, Leonidas, Ana, Elvia, Rubelia y Nelly), se habían adelantado en el proceso de inmigración a las tierras altas del Valle del Cauca en Tenerife. Oriundos de Salamina pero procedentes de Manizales, llegaron primero a la finca La Isabela la cual había sido adquirida por Luís Elías Gómez Arango; un año y medio después se irían a vivir a La Palma.

De conformidad con la obra de María Esperanza, el tío abuelo Pedro María Arango Mejía, hermano muy querido de Joaquín y por las mismas razones que ejercía en su natal Salamina el grupo político contrario al de su familia y gracias a su espíritu arriesgado y enérgico, decidió abandonar las tierras del Viejo Caldas y probar suerte en el Valle del Cauca. Su hermano Joaquín le había hablado de lo bello de la región. Fue así como don Pedro María y su esposa Adela Escobar Henao y sus hijos llegaron para establecerse en la región de Tenerife.

Al igual que la región de Barragán en la parte alta del municipio de Tuluá, Tenerife fue una especie de “tierra prometida” para los Arango, una raza de pobladores. Pero ambas regiones tienen una historia anterior a la llegada de nuestros ancestros.

Ramón Elías Agudelo Hincapié, era según una publicación del periódico El Chincheño de Palmira un caldense nacido en 1850, oriundo de Santa Rosa de Osos aunque existe el rumor de que era de Abejorral.

De acuerdo con las investigaciones de María Esperanza Arango Gómez, Ramón Elías Agudelo Hincapié “llegó primero a Buga con su familia, se fue con su único compañero, un perro, con un costal lleno de comida y herramientas, entre ellas una barbera. Subió por las montañas de Costa Rica hasta el páramo de Las Domínguez, pero las tierras en el trayecto no le gustaron, se devolvió y llegó a unas tierras que le llamaron mucho la atención por su belleza y fertilidad e inmediatamente las llamó Tenerife (por la similitud de éstas con las tierras donde él prestó servicio militar)”.

En relación con el nombre Tenerife, dice el periódico El Chincheño en una crónica sobre la fundación de este pequeño poblado, que según la narración de la señora María Auxilia, nieta del fundador: “el nombre Tenerife se debe a que don Ramón Elías prestó servicio militar en una zona de la costa Atlántica por los lados del Magdalena, en un pueblito llamado Tenerife y sí se llamó también la guarnición militar con la que prestó su servicio militar”, de acuerdo con la crónica, la topografía de Tenerife en El Magdalena se le pareció mucho a la topografía de la región de Tenerife en las tierras altas de la cordillera en el valle del Cauca.

Continúa la narración de María Esperanza Arango en su investigación genealógica: “Se fue caminando a orillas del río Coronado, hasta que encontró lo que hoy conocemos como Aují, que ya había sido conquistado por María Luisa de La Espada. Este sitio ya estaba habitado; decidió ir por su familia, entonces salió por el otro lado del río, llegó a Santa Elena y luego a Buga, su familia se había quedado en Aují”.

“Ramón Elías siguió de nuevo para Tenerife, solo con su perro; estuvo varios meses en los cuales visitaba a su familia de vez en cuando. En uno de esos trayectos tuvo un accidente: un árbol cayó encima de su pierna derecha presionándola, quedando inmovilizado por completo y su pierna sangrando. Su único recurso para sobrevivir era que su perro llevara una nota y sangre en un pañuelo, y así lo hizo”

“El perro fiel a su amo no lo quería abandonar, pero Ramón Elías le pegó hasta que el perro se fue; en la nota relataba lo sucedido y recalcaba que si en dos días no llegaban a rescatarlo, él se mataba con la barbera. El perro llegó con la nota y el pañuelo; cuando llegaron a rescatarlo, don Ramón Elías estaba a punto de matarse con la barbera”

“La pierna nunca le sanó, habiéndose diagnosticado que era necesaria la amputación. El decía enfáticamente que si llegaba ese día, prefería morirse, y así fue. Al no tener más opción que amputarla, se murió a los pocos días”. Según la crónica del periódico El Chincheño, don Ramón Elías Agudelo Hincapié, el colonizador de las tierras de Tenerife, murió en 1946.

En la misma crónica del periódico El Chincheño, se afirma, según doña María Auxilia su nieta, que don Ramón Elías llegó a la región de Tenerife por el lado de Guabas, entre los años 1906 y 1910, subiendo por el páramo de Las Domínguez y pasando por lo que es hoy la vereda de Los Andes, hasta llegar a Tenerife. Se estableció primero en el sitio denominado vereda El Moral, posteriormente se radicó en el sitio llamado Punta Larga y por último en la plaza de Tenerife.

Dice en la misma crónica el Chincheño: narra doña María Auxilia nieta del fundador: “El era un hombre alto, rubio, un poco gordito, de ojos cafés, usaba sombrero de paja, mulera o tapapinche y saco de tela, tenía el pié derecho envuelto en una tela, por un accidente que tuvo al cortar un árbol, no usaba zapatos; su esposa se llamaba María Josefa Morales Clavijo quien murió a la edad de 105 años, ella nunca usó zapatos, usaba enaguas y falda hasta los tobillos; tuvo 8 hijos, 4 mujeres y 4 hombres”

Sería muy larga la lista de familias de los Arango que desarrollaron su proyecto de vida en Tenerife, otra de las regiones que fueron la tierra prometida para nuestros ancestros y sus descendientes.

De nuestros tíos abuelos citados en esta crónica, don Pedro María Arango Mejía y sus hermanos Joaquín y Carmen Teresa fueron los pioneros de la familia. Sus descendientes poblaron muchas de las regiones circunvecinas partiendo desde el propio Tenerife, con sus descendientes llegaron nuestros tíos maternos y algunos de los hijos de ellos.

Las hijas del abuelo Jesús María Arango Mejía, las tías Ana Julia y María Rita Arango Duque, se casaron el 30 de julio de 1938 con Álvaro Arango Escobar y Hernando Duque Gómez respectivamente; Álvaro era hijo del tío abuelo Pedro Arango Mejía y Hernando era nieto de la tía abuela María Dolores Arango Mejía. Álvaro y Ana julia se establecieron en Tenerife; ellos y sus descendientes poblaron y habitaron en la región.

Hernando Duque Gómez y María Rita Arango Duque se establecieron en la región en 1958. En el mismo año llegaron el tío Roberto Arango Duque y su esposa Nohemí Velásquez Gallego, sus familias crecieron en El Moral.

Hacia 1964, llegó a las tierras de Tenerife, el tío Ricardo Arango Duque. Ricardo no tuvo descendencia, pero igual buscó allá una oportunidad para su vida y la encontró, amó esa tierra y en ella vivió.

Filiberto “El Mono”, el hijo mayor de Álvaro Arango Escobar y Ana Julia Arango Duque, se casó en 1959 con Graciela Arango Gómez, hija del tío Ramón Arango Duque, se establecieron en El moral. Con motivo de las visitas regulares del tío al hogar de Filiberto y Graciela, le tomó cariño a la región por su vocación de agricultor y se trasladó a ella con su esposa Fabiola Gómez Ramírez, allá por el año de 1966.

Igualmente hacia 1966 llegó al Moral el tío Cristóbal Arango Duque con su esposa Luz Mila Velásquez Gómez y sus hijos todavía pequeños. Cristobal buscaba una oportunidad para el y su familia. La suerte no le había sonreído en otros lares.

Estela Arango Ramírez, hija del tío Jesús María Arango Gómez (Hijo a su vez de Jesús María Arango Mejía), se casó con Sigifredo Arango Escobar, nieto de Pedro María Arango Mejía, se establecieron en Tenerife.

Ofelia Arango Arango, hija de Álvaro y Ana Julia, se casó con Jesús María Arango Mejía, hijo de Luis Abel Arango Gómez y Ana Rita Mejía Arango. El matrimonio se llevó a cabo en marzo de 1969, hacia 1970, se instalaron en El Moral, así, otro descendiente del abuelo Jesús María Arango Mejía vino integrarse en la década del 70 del siglo pasado a la ola de inmigrantes a las tierras anexas al desarrollo de Tenerife. Aproximadamente 40 años después del primer asentamiento de un Arango en Tenerife, continuaban llegando otros Arango, esta vez sus descendientes, buscando un porvenir para ellos, solos o con sus familias.

Y descendientes de otros de nuestros ancestros llegaron a Tenerife y su área de influencia, como corresponde a Teresa Echeverri Arango, hija de la tía abuela Ana Joaquina Arango Mejía; Teresa se casó con Joaquín Gómez Arango, hijo de la Tía abuela María del Carmen Arango Mejía. Muchos seguramente se escapan a estos listados, pero no por no mencionarlos tienen menos mérito como pobladores de Tenerife y sus alrededores.

El cañón donde se encuentra Tenerife, con sus parcelas labrantías abiertas a golpe por la mano de sus colonos, pobladores y habitantes, vio crecer varias generaciones de Arango y de otros apellidos conexos con nuestra familia; esta tierra ha sido testigo de los sueños de muchos, de sus esperanzas, en ella se han sembrado ilusiones y se han recogido sus frutos. En ella muchos disfrutamos de la compañía y el amor que nos dieron nuestros mayores quienes enseñaron a sus hijos a querer la tierra y a respetarla. Allí, a la par que se ha sembrado la tierra, nuestros viejos sembraron en su hijos la semilla de la honradez, de los principios, de los valores, del respeto por el otro y sobretodo del amor a Dios.

Quienes no somos oriundos de Tenerife, igual la disfrutamos en muchas vacaciones del cariño y el amor de nuestras tías y tíos, de nuestros primos y primas, de los demás parientes, de sus amigos y conocidos.

Yo recuerdo la primera vez que fui al Moral de vacaciones: la tarde de mi llegada, la tía Ana Julia estaba arreglando juiciosamente su jardín de geranios y novios en su casa de La Floresta. Como olvidar la taza de esmalte blanca con azúcar o panela raspada y un poco de vino dulce que mi tía Rita me daba en la mañanas para ir al establo a tomar leche caliente, y tantas vivencias buenas con mis tías en La Floresta, la Laguna, Palmichal y otras fincas mas, que como muchacho de crianza en la ciudad no conocía. Yo también conocí a Tenerife, tierra de oportunidades.


3 comentarios:

  1. yo soy una persona que vivio en esas tierras y hace poco las visite de nuevo y senti mucha alegria y a la ves nostaljia de ver nombres en este relato a los que conosi como roberto arango, ricardo arango, anajulia arango,rita arango y sus desendientes les agradesco de ante mano la amabilidad de escribir cosas tan importatantes de tierras y de personas tan queridas. ATT: Aicardo Buitrago Arias.(Chonto).se les quiero DIOS los bendiga SIEMPRE

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  3. Estube un mes en el corregimiento de aují en el año 2000 como delegado de la registraduria para inscripción de cédulas donde conocí uno de los intagrantes de esta enorme familia, doña Marina Escobar Arango promotora de salud quien me atendio muy amable y calidamente en su casa durante este tiempo y me hablo sobre lo extenso de sus apellidos en esta zona. Que buena historia.

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